CARTA DE UN ADICTO (*)
(*) Título autodenominado por el paciente.
Hace 10 años era un pibito de 15 entre al secundario y me creía “grande”, ya tenía un poco de independencia como para hacer lo que quería a escondidas de mi viejos.  Sabia lo que era el porro porque nos juntábamos con chabones más grandes y ellos obviamente estaban en la onda y fumaban, entonces lo hablábamos con mis amigos de esa época y obviamente que para ser “cool” teníamos que fumar, no podíamos ser menos. 

Había un grupito que fumaba antes de entrar a la escuela, de curiosos nos empezamos a juntar con ellos hasta que me preguntaron si queríamos probar, obviamente dijimos que si.  Llego el día en que tocó el timbre de salida nos juntamos en la plazita y uno de los pibes lo saco, se puso a armar y lo prendió, ansioso por que me tocara iba viendo las caras y como lo fumaban, me toca a mi por fin lo tenía en mis manos, me lo llevo a la boca, inhalo, lo mantengo un rato y lo largo, me lleve la peor decepción porque obviamente la primera no pega, por lo que seguí fumando hasta que por fin pego y aaaah que lindo guacho, que tranquilidad, paz, que cool. 

Empecé a juntarme únicamente con gente que fumaba, los que no lo hacían me parecían unos “aburridos”. Esto se convirtió en una rutina que lo hacía sin preocuparme de nada porque era hermoso ver las nubes cómo se movían, las hormigas llevando palitos, comer de la gula y sentirle un sabor tremendo a todo, coger re loco uff que hermoso, tener charlas súper íntimas con amigos y flashear mil cosas. 

Todo iba bien hasta que en un momento me di cuenta que no podía hacer nada sin estar re loco entonces empecé a cuestionarlo y estuve dos años en los cuales quería dejar de fumar pero a su vez no porque era el equilibrio de tener una vida tan ocupada, el típico decir “relajarme y salir un poco de la rutina repetitiva”. A los 24 me fui de viaje con unos amigos y nos la pasamos quemando todo el día, no nos relacionamos con nadie porque estábamos en nuestro instale, era levantarse a fumar, quemar para comer y así todo el día. 

Cuando volvimos me di cuenta que no quería esto para mi vida y me decidí a ir a un centro de ayuda para las drogas, porque sabía que no podía solo, estuve yendo un año con psicólogo y psiquiatra en el cual tomé pastillas, ataque el problema pero seguía fumando, así estuve un año y abandone en Noviembre del 2021.  Después de haber realizado un proyecto hermoso en el verano, me atacó un bajón tremendo en el cual estuve muy cerca de la depresión, un día haciendo introspección me di cuenta que lo tenía todo para ser feliz, una familia hermosa, una hija de la cual estoy orgulloso pero había algo que me estaba haciendo mal y era el porro que no me dejaba avanzar con todas las cosas que yo quería para mi vida.

El 12 de Febrero del 2022 volví al centro, pedí las pastillas y lo afronté solo, los primeros 15 días fueron horribles, no podía dormir, el corazón por ahí se disparaba, las manos me temblaban y sudaban, pero yo no quería volver a recaer. Transcurridos los 15 días me empecé a sentir mejor, por ahí tenía bajones pero no eran como los de antes y empecé a corregir las cosas que quería, me puse al día con el laburo, tuve charlas que necesitaba y un montón de cosas más que active y antes no hacía porque las postergaba. 

Hoy después de 4 meses puedo mirar para atrás y sentirme orgulloso de mi mismo de haber dejado de lado el porro, las fiestas, amistades que no sumaban y empezar a ser el hombre que siempre quise ser, me faltan un montón de cosas todavía pero sé que de a poco las voy a poder lograr,  Esta carta no quiere decir que esté en contra del porro, mis amigos fuman, cultivan y creo que la ley de despenalización tiene que ser aprobada, hay que reconocer que existe una apología al porro y solamente que a mi se me hizo una adiccion que no pude controlar pero después de 10 años salí. 

Si lo lees y te sentís identificado con alguna parte, replantéate las cosas no pasa nada, no es fácil salir y a veces necesitamos ayuda. Gracias.